La denominación del género femenino como sexo débil es un tópico que nadie comparte pero que bien utilizado por la mujer le puede reportar grandes beneficios. Por puro paralelismo, podríamos decir que los hombres nunca lloran. Ninguna se lo cree, pero cuando los hombres necesitan ir de duros es un recurso infalible. Y es mejor oír eso a que te digan con crudeza “sencillamente no te quiero”. Juegos y engaños que todos nos hemos permitido alguna vez, para sobrevivir al fracaso más o menos dignamente.
….Y es que vivimos en una sociedad que rechaza la enfermedad y el dolor, que son intrínsecos a la vida, aunque nos neguemos a reconocerlo. Pero hay momentos en la vida que nuestra fortaleza se pone a prueba, nuestra resistencia al sufrimiento más profundo.
Todo sucedió mucho antes de lo previsto. Los niños vienen al mundo después de 40 semanas de gestación, pero su bolsa se rompió después de sólo 32. A mí aquello me hizo sentir fatal, como una madre incompleta. Llegué dilatada de 4 cm y durante 24 horas me medicaron para frenar el parto. Aquello dolía bastante, pero no he sido nunca mujer que se queje fácilmente.
Cuando el dolor ea ya muy grande, pensé que quizá sería bueno que el ginecólogo viniese. Estaba dilatada de 9 cm………..un poco más y nace en el ascensor. Parí sin anestesia y sentí todo el dolor que la Naturaleza alberga en su corazón. A mí aquello me hizo renacer como persona. Me sentí fuerte, segura y me hizo pensar que era una madre completa y generosa. Aprendí que hay que enfrentarse al sufrimiento pero también que cuando algo duele mucho, no hay que callar, HAY QUE GRITAR.
Cuando él nació no les dio tiempo de ponerlo en mi pecho. La enfermera se lo llevó a la UVI de la unidad de prematuros, entonces lancé mi primer grito: ENSÉÑAMELO QUE ES MÍO. Entonces ella me enseñó su pie y yo volví a gritar: QUIERO VER SU CARITA.
Mi hijo nació con un problema de inmadurez pulmonar y había que operar al día siguiente. No se podían visitar a los niños de la unidad más que dos veces al día durante media hora. Así que el pediatra me llamó para que subiese a verlo por la noche de forma furtiva, por si era la última vez. Entonces entré en la sala, busqué su carita y allí lo encontré rodeado de sondas, cables y oxígeno. Abrí un segundito la puerta de la incubadora, me acerqué y le dije mis dos primeras palabras: HOLA TESORO. El estaba dormido y reaccionó rápidamente moviendo sus párpados como si quisiera abrir los ojos. Obviamente había reconocido mi voz, aquello fue maravilloso. Después todo empezó a ir bien. Empezó a respirar bien, pero había que esperar para valorar posibles consecuencias por la falta de oxígeno durante el primer día. Milagrosamente los días pasaban, luego los meses y no había ninguna secuela. Yo durante esos meses me acordaba del parto y aquello me daba fuerzas, me redimía, me consolaba. Durante su primer mes sólo pude verle dos veces al día durante media hora.
Pocos meses después observaba con mucha curiosidad todos los comportamientos animales de las hembras después de parir. A mí me encanta la naturaleza y quería saber qué hacen ellas, para aprender claro. Un día observé entre un rebaño de ovejas que había una que con su boca sujetaba una cría que parecía muerta. Entonces le pregunté al pastor qué pasaba con ella – Las ovejas cuando paren una cría muerta no se resignan, continuamente la besan y zarandean para que empiece a respirar. Durante dos días por lo menos, se la llevan sujetándola por la boca y no la sueltan ni para comer. Es un duelo necesario, porque si le arrebatas la cría muerta, también ellas enferman y después mueren.
Nuestro mundo occidental huye del dolor, lo anestesia, lo enmascara, lo elimina. Pero yo lo entiendo como algo necesario. La Naturaleza me enseñó que los niños se han de concebir con mucho, mucho placer y que se han de parir con dolor, mucho por cierto, porque ese dolor te prepara para la vida.
Así que yo respeto a las personas que quieren vivir anestesiadas y de espaldas al dolor. Les recomiendo, como Sabina, que si les duele el alma, vayan a la farmacia “venden pastillas para no soñar”. Evidentemente, no lo comparto y no es mi elección. Yo soy más bien masoca.
..Y como pertenezco al sexo débil, en esta entrada me he permitido hablar de mi mayor debilidad. Él se llama Víctor y tiene 9 años.
Por cierto, también me he dado cuenta años después que cuando pronuncio esas dos palabras, HOLA TESORO, lo hago de forma inconsciente queriendo decir, en el fondo, SOY YO ¿NO ME RECONOCES?
7 comentarios:
yo tengo 3 hijos grandes, pero entre ellos estuve embarazada de un bebe anencefalico....como esta prohibido el aborto estuvo en mi panza 9 meses con todo lo que eso implica...nacio y a alas 8 hs. murio
fue el momento que me di cuenta que una madre esta sola, no existe nadie que llegue a calmar tanto dolor....pienso que ese fue el momento que realmente madure como mujer...un beso, te felicito por tu hijo....
Euria eu já escrevi um comentário mas como não tenho a certeza que tenha ficado registado vou tentar escrever o mesmo;Noto muito amor e cumplicidade nas tuas palavras isso é bonito Beijos.
Mira que en mi estado "cuesta" humeder mis ojos, ¿eh?
Que hermosa realidad...muchas gracias, "mamá".
Yo solo soy papá de tres mamás....
Un texto duro que da ejemplo de constancia, valor y coraje. Nada de debilidad.
Voy a entresacar dos fragmentos que me ha encantado:
¿Soy yo, no me reconoces?
si le arrebatas la cría muerta, también ellas enferman y después mueren.
Ah, se me olvidaba. Nadie lo ha comentado. "Sexo débil" suena a casposo. La fortaleza en músculo que no tiene la hembra, la tiene en el carácter o en momentos como los que describes.
Pero "débil" se lo debió inventar alguno de esos que en algún concilio preparó el terreno para apartar a la mujer de su sitio. De débil nada.
No tengo palabras... Toda una lección de fortaleza.
Un abrazo¡
Me has emocionado, Euria.
Muchas gracias por compartir con nosotros tu experiencia.
Un gran beso.
Muy emotivo, me ha gustado mucho.
Queda muy bien el final.
un saludo
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