Fotografía por gentileza de mi amigo Toni―Creo que tuve una infancia rara. A menudo me sentía sola ―dice Euria― Un día tenía examen de geografía y el profesor planteó una sola pregunta ―¿Sabéis cuales son los mares que rodean a la península ibérica?― A lo que yo respondí ―Por supuesto que lo sé―. A continuación me llamó para charlar sobre mi enigmática respuesta. Según parece, y a pesar de mis diez años, esperaba una tesis sobre dos mares y un océano, con sus ecosistemas, flora, fauna y restaurantes costeros recomendados. Aunque sin duda se trataba de una pregunta trampa. Por eso me limité a contestar estrictamente sin irme por las ramas. Decía mi madre que en clase nada de adivinanzas ni trucos mágicos, algo que yo seguía siempre al pie de la letra. Pero la señorita Rotenmeller me preparó una encerrona y durante todo el curso tuve que responder públicamente a todas las cuestiones marítimas que se planteasen. Desde entonces me encantan las olas y perdí el miedo a hablar en público.
―A mí cuando era niña mis compañeros me llamaban bruja―responde Marga―. Yo a cambio les llamaba niñatos de futuro predecible (hasta para un rana, por cierto). Así que la profesora me castigó un día sin recreo y me dijo que debía pedir perdón por mis insultos. A lo que yo contesté―Disculpe señorita pero aquí la única bruja es usted―. Y claro, estuve castigada todo el año. Eso me pasa por disculparme por adelantado. Nunca más he cometido tal error.
Porque si algo tenemos claro (las dos), es que el término bruja es una invención creada por los más poderosos en el momento oportuno, con el único objetivo de discriminar y quitarse de encima a las mujeres que dicen las cosas tal como son y llaman a cada uno por su nombre. Es evidente que estas brujas suponen una seria amenaza para sus intereses, su dignidad de papel mojado y su reconocida posición social. Por otra parte ellos nunca se sienten solos porque el demonio los cría y el viento los amontona para que se protejan. Demasiado ocupados en esta tarea como para saber qué es la soledad.
Dedicado a mi querida amiga Marga. Algunas veces nota olor a quemado pero yo la rodeo de agua por tres frentes, a saber: Al norte Idoia que siginifica charco, Euria (lluvia) al oeste y Eau al este por el Mediterráneo...el que nos embruja.
―A mí cuando era niña mis compañeros me llamaban bruja―responde Marga―. Yo a cambio les llamaba niñatos de futuro predecible (hasta para un rana, por cierto). Así que la profesora me castigó un día sin recreo y me dijo que debía pedir perdón por mis insultos. A lo que yo contesté―Disculpe señorita pero aquí la única bruja es usted―. Y claro, estuve castigada todo el año. Eso me pasa por disculparme por adelantado. Nunca más he cometido tal error.
Porque si algo tenemos claro (las dos), es que el término bruja es una invención creada por los más poderosos en el momento oportuno, con el único objetivo de discriminar y quitarse de encima a las mujeres que dicen las cosas tal como son y llaman a cada uno por su nombre. Es evidente que estas brujas suponen una seria amenaza para sus intereses, su dignidad de papel mojado y su reconocida posición social. Por otra parte ellos nunca se sienten solos porque el demonio los cría y el viento los amontona para que se protejan. Demasiado ocupados en esta tarea como para saber qué es la soledad.
Dedicado a mi querida amiga Marga. Algunas veces nota olor a quemado pero yo la rodeo de agua por tres frentes, a saber: Al norte Idoia que siginifica charco, Euria (lluvia) al oeste y Eau al este por el Mediterráneo...el que nos embruja.
