21 de diciembre de 2010

ABRACADABRA

Fotografía por gentileza de mi amigo Toni

―Creo que tuve una infancia rara. A menudo me sentía sola ―dice Euria― Un día tenía examen de geografía y el profesor planteó una sola pregunta ―¿Sabéis cuales son los mares que rodean a la península ibérica?― A lo que yo respondí ―Por supuesto que lo sé―. A continuación me llamó para charlar sobre mi enigmática respuesta. Según parece, y a pesar de mis diez años, esperaba una tesis sobre dos mares y un océano, con sus ecosistemas, flora, fauna y restaurantes costeros recomendados. Aunque sin duda se trataba de una pregunta trampa. Por eso me limité a contestar estrictamente sin irme por las ramas. Decía mi madre que en clase nada de adivinanzas ni trucos mágicos, algo que yo seguía siempre al pie de la letra. Pero la señorita Rotenmeller me preparó una encerrona y durante todo el curso tuve que responder públicamente a todas las cuestiones marítimas que se planteasen. Desde entonces me encantan las olas y perdí el miedo a hablar en público.

―A mí cuando era niña mis compañeros me llamaban bruja―responde Marga―. Yo a cambio les llamaba niñatos de futuro predecible (hasta para un rana, por cierto). Así que la profesora me castigó un día sin recreo y me dijo que debía pedir perdón por mis insultos. A lo que yo contesté―Disculpe señorita pero aquí la única bruja es usted―. Y claro, estuve castigada todo el año. Eso me pasa por disculparme por adelantado. Nunca más he cometido tal error.

Porque si algo tenemos claro (las dos), es que el término bruja es una invención creada por los más poderosos en el momento oportuno, con el único objetivo de discriminar y quitarse de encima a las mujeres que dicen las cosas tal como son y llaman a cada uno por su nombre. Es evidente que estas brujas suponen una seria amenaza para sus intereses, su dignidad de papel mojado y su reconocida posición social. Por otra parte ellos nunca se sienten solos porque el demonio los cría y el viento los amontona para que se protejan. Demasiado ocupados en esta tarea como para saber qué es la soledad.

Dedicado a mi querida amiga Marga. Algunas veces nota olor a quemado pero yo la rodeo de agua por tres frentes, a saber: Al norte Idoia que siginifica charco, Euria (lluvia) al oeste y Eau al este por el Mediterráneo...el que nos embruja.

6 de diciembre de 2010

TIRAMISÚ


Me encontraba en una playa del Mediterráneo, de vacaciones con unas amigas. Todo me parecía hermoso en aquel mes de junio. Muchas veces comíamos en un restaurante junto al paseo marítimo. Dos días antes de mi regreso, el camarero que ya era de mi confianza, me invitó a pasar a la cocina y me presentó a Tony, un cocinero napolitano de ojos muy oscuros, pelo negro y rizado que se acercó para saludarme. Noté como el aire que le rodeaba me traía aromas de vainilla.
―He observado que seleccionas cuidadosamente los platos de la carta―me dijo― y eliges unos vinos muy apropiados para acompañarlos. Me sorprende, sin embargo, que nunca pidas postre o algo dulce antes del té.
―Es cierto. Cuando acabo de comer me siento llena y prefiero dejar el chocolate para disfrutarlo solo, en otro momento.
―Me gustaría invitarte a cenar.
Siempre me han gustado los hombres directos pero hay ocasiones en las que me quedo sin recursos ni palabras. Ésta era una de ellas. No sé―contesté―.Todavía no hemos salido ningún día, nosotros dos, me refiero. Ir a tu casa me da reparo.
―Si no te he invitado antes, es porque trabajo todos los días. Pero esta noche descanso. Tengo un interés especial en enseñarte a preparar el tiramisú. Es mi especialidad y todavía no lo has probado. Solo tiramisú, venga ¿Aceptas?
―De acuerdo. Me encanta cocinar.
―Pues yo vivo en el número 9 de esta misma calle. En el segundo piso ¿Vienes a las siete entonces?
―Muy bien. Esta noche en tu casa.

Mis amigas estaban algo extrañadas, y con razón. Hasta el momento habían sido bastantes los hombres que nos habían invitado a salir, pero todo era mucho más directo y sin preámbulos. Los hombres de este lugar no conocen el significado de la palabra preliminares―dice Sandra con ironía―. No te encapriches con Tony. No sé que me da que va a ser gay o casado.

Me prestó un delantal y al colocármelo alrededor del cuello noté un agradable olor a sándalo. Date la vuelta―dijo Tony con un tono firme pero dulce―.Hasta ese momento no había reparado en su voz envolvente y seductora. Lo cierto es que me giré pensando en recibir un abrazo, de esos que se aproximan por la espalda, que te abrigan con las manos hacia el vientre, momento en el que me suelo derretir como la mantequilla. Pero no. Sencillamente me ató el delantal por detrás con un simple lazo―¿Preparada ragazza?―Sí,sí, claro. Me parece a mí que he venido demasiado preparada...para cocinar. Lo digo por el vestido.
―Estás preciosa―afirmó Tony ante mis dudas―Lo más importante de este plato, como de todo en la vida, es una buena base. Se trata de un bizcocho en finas láminas. Puede ser brioche o mejor aún melindros, como éstos ¿Anotas?
―Disculpa ¿He de tomar nota?
―En absoluto Euria. La receta del tiramisú, como el amor verdadero, no se olvida nunca. Se trata de un postre que no requiere horno, pero se elabora con mucho, mucho calor. Ahora preparamos la crema sabayón, a base de yemas, azúcar glass y ron. Todo al baño maría. Con esta cuchara das vueltas y quedará fina como unas natillas. Después lo mezclamos con el queso mascarpone y las claras a punto de nieve.
Y fue entonces que se acercó por detrás y con su mano derecha sujetó con firmeza la herramienta, su cuchara, y me ayudó a dar vueltas, mientras su izquierda permanecía apoyada en mi cadera.
No podré resistirme-pensaba yo-. Como esto siga así, me lanzaré a su regazo y no terminaremos bien. La receta, digo. Porque a éste me lo acabo enterito y el tiramisú en el fuego. Y se acuerda él para toda la vida...de mis huesos.
Pero me contuve y se sucedieron capas de melindros emborrachados de café y relleno. Una él, otra yo...Y por encima de la última crema, un espolvoreado de cacao, ayudándome con un colador. Y de repente, otra vez, por detrás con un botecito. Agrega una pizca de canela molida, me da un beso en el cuello y me pregunta suavemente―¿Te gusta?―Y me da otro beso en la mejilla del mismo lado.
Yo no sé si se refería al tiramisú, a la canela, a su casa, a él. Así que decidí contestar ampliamente―Sí. Me gusta mucho, todo―.
Nos sentamos para cenar. Había preparado antes uno de mis platos favoritos; bacalao al estilo portugués, junto a una tabla de patés. Abrió una botella de vino blanco Chardonnay. Me di cuenta entonces de que Tony me había observado desde el primer día y que ya conocía mis gustos como nadie.
―Ahora el postre ¿no?
―No Euria. El tiramisú tiene que estar en reposo en la nevera hasta mañana. Además nunca sueles tomar nada después. Así que el tiramisú lo pensaba reservar para desayunar...Si es que quieres dormir conmigo.
(...)
Me desperté y Tony no estaba en la habitación. Sobre la cama, una camiseta masculina de algodón, que me había dejado expresamente a modo de pijama. Me acerqué a la cocina. Olía a té recién hecho y el tiramisú estaba sobre la mesa. Sentí una música de fondo y entonces apareció.

―Buenos días ¿Has dormido bien?
― De maravilla.

Y mientras saboreaba el tiramisú, la música me iba despertando a la vida. Alguien cantaba ojos verdes, y yo soñaba que era para mí...También pudo ser una simple casualidad.

Dicen que Tony aún se acuerda de mí entre los verdes de la albahaca, el trigo y el limón, allá donde esté. Dicen mis amores que preparo el mejor tiramisú del mundo.

Digo yo que si te gusta la poesía, la cocina y mis ojos verdes...Sospecho que esta entrada está dedicada a ti.