Con la llegada del verano, las camisetas de tirantes y las chanclas de dedo, regresan a mi cabeza las mismas inclinaciones y deseos (hombres básicamente) aunque siempre con aires renovados. En este sentido, soy de la opinión de que lo básico y sencillo es lo que mejor funciona. Porque resumiendo, diría yo que los caballeros, al menos los que yo conozco, quedan seducidos por aquello que ven y las damas, yo así lo confieso, quedamos prendadas de las palabras que nos susurran al oído. Comprueben ustedes mismos que este juego sensual funciona de esta forma desde nuestros ancestros, tanto para la seducción más exquisita como para la incitación más carnal.Ayer salí de fiesta con unas amigas y pude comprobar que el estrés de los últimos tiempos está deteriorando también las relaciones puramente casuales, que siendo realistas siempre han sido muy esporádicas, sobre todo si lo que se pretende es un mínimo de calidad. Pero hoy en día con las prisas, la ausencia de tiempo o de ganas y la falta total de dedicación, todo queda reducido a un juego previo de preguntas masculinas que resultan chirriantes al oído de cualquier mujer. Desde propuestas obscenas y denigrantes hasta declaraciones de records en tamaño, resistencia y número de veces por noche. Yo lo tengo claro. Prefiero los hombres que de entrada no se atreven a decirme nada. Atractivos y reservados, y que llevan con total discreción una vida sexual aparentemente sana. Esa clase de personas educadas y sensibles que con una mirada consiguen que te acerques a ellos a presentarte, porque están para comérselos. Como Pablo, por ejemplo. Un tío increíble que conocí el año pasado y con el que tuve varias citas.
Pablo hablaba poco pero miraba mucho y muy bien. Me invitó a un paseo por la playa y después fuimos a su apartamento (muy coqueto y a pie de jardín) para ducharnos y cenar algo. Observé que nada más entrar en casa echó el cerrojo de la puerta. Aquello me pareció extraño, pero alguna manía había que perdonarle al hombre, tampoco iba a ser todo perfecto. Él no se lanzaba al tema pero yo vi la piscina llena. Rebosando más bien. Así que me decidí, puse algo de música, me coloqué de frente y pregunté.
―¿Te apetece que te haga un estriptis?
―Claro que sí. Me encantaría. Pero mejor me siento por si me caigo redondo al suelo, si no te importa.
―¡Cómo me va a importar! ―Respondí con mi típica seguridad norteña.
Pero todo sucedió muy rápido y el vestido de verano fue visto y no visto. En tres segundos me quedé con los taconazos de diez centímetros puestos y bailando muy sensualmente hasta que se acabase la canción ―pensé inicialmente―. Entonces el exceso de confianza me jugó una mala pasada y me di un tremendo bofetón a medio metro de los pies de Pablo. Por suerte no me hice daño. Y además, allí en mitad del suelo empezó todo. Después seguimos en el baño, a continuación en la cocina y por último en el dormitorio. Entonces se oyó un ruido de alguien intentando abrir la cerradura de la puerta y después una llamada al timbre.
―Euria, lo siento. La persona que está llamando es mi esposa y tengo que pedirte que salgas por el balcón de la habitación.
―Ningún problema, Pablo. Lo he pasado de maravilla ―Comenté rápidamente mientras me despedía con un beso.
Me puse el vestido en un segundo, me quité las sandalias y las lancé al jardín. Después di un salto y lista. Arranqué el coche y me fui a casa. Al día siguiente por la tarde recibí un mensaje de Pablo en mi teléfono móvil.
―Estabas preciosa ayer saltando por el balcón. Te invito a cenar este sábado a 107 metros del suelo, en un restaurante que está en la última planta de un hotel. Tranquila, no voy a pedirte que saltes. Esta vez me gustaría que me sorprendieras en el ascensor.
―¡Cómo me va a importar! ―Respondí con mi típica seguridad norteña.
Pero todo sucedió muy rápido y el vestido de verano fue visto y no visto. En tres segundos me quedé con los taconazos de diez centímetros puestos y bailando muy sensualmente hasta que se acabase la canción ―pensé inicialmente―. Entonces el exceso de confianza me jugó una mala pasada y me di un tremendo bofetón a medio metro de los pies de Pablo. Por suerte no me hice daño. Y además, allí en mitad del suelo empezó todo. Después seguimos en el baño, a continuación en la cocina y por último en el dormitorio. Entonces se oyó un ruido de alguien intentando abrir la cerradura de la puerta y después una llamada al timbre.
―Euria, lo siento. La persona que está llamando es mi esposa y tengo que pedirte que salgas por el balcón de la habitación.
―Ningún problema, Pablo. Lo he pasado de maravilla ―Comenté rápidamente mientras me despedía con un beso.
Me puse el vestido en un segundo, me quité las sandalias y las lancé al jardín. Después di un salto y lista. Arranqué el coche y me fui a casa. Al día siguiente por la tarde recibí un mensaje de Pablo en mi teléfono móvil.
―Estabas preciosa ayer saltando por el balcón. Te invito a cenar este sábado a 107 metros del suelo, en un restaurante que está en la última planta de un hotel. Tranquila, no voy a pedirte que saltes. Esta vez me gustaría que me sorprendieras en el ascensor.
Mira por donde, quizas la expresión en catalan: "pegar el salt" en el sentido de engañar a la pareja tenga algo que ver con tu historia.....quizás no.
ResponderSuprimirBesitos
Atrapante historia...
ResponderSuprimirDónde estás? que no vienes a verme?:)
Te envío mi abrazo.
Dani..
Hola Jaume. Son veinte años viviendo en Cataluña. Todo lo que escribe Euria tiene mucho que ver con esta tierra y por supuesto con sus hombres tan mediterráneos y con un sentido del humor genial, tipo Bonafuente. Petons.
ResponderSuprimirHola Daniel. Me ha encantado tu comentario. Con pocas palabras seduces. Lo cierto es que estoy muy ocupada últimamente, pero esta noche pasaré a veros y tú por supuesto serás el primero. Besos
Jajaja.. me hace mucha gracia tu texto Idoia.
ResponderSuprimirLo que empieza con un pequeño salto puede acabar en un precipicio :-)
Abrazos y saludos afectuosos!
Hola Idoia
ResponderSuprimirRegresé, ahora ya me quedo pase lo que pase...
Besos
Saltando, saltando...gracias por las risas.
ResponderSuprimirQue personajes son ustedes tres, pero son maravillosas escribiendo. Un abrazo tripartito y buen fin de semana!!
ResponderSuprimirme agrada cuando las situaciones complicadas, resultan siendo mas sencillas de lo que piensas. buena nota
ResponderSuprimirLo más divertido es que siempre es el hombre el que salta por la ventana o que se queda sin ropa en la cornisa o dentro del armario. Es más sensual que sea la chica la que "de el salto" -y nunca mejor dicho-. Supongo que él tendría coartada porque si soy yo la del timbre me mosqueo...
ResponderSuprimirDesde que te leo he visto una evolución desde aquellos textos que nos quedábamos "con la miel en la boca" a estos que de forma elegante, "das el salto".
Me ha encantado volver a leerte.
¡besos y ojo con las alturas!