7 de agosto de 2011

7 de agosto de 2000, 14:15 h

Era un domingo soleado de agosto. Su embarazo ya era más que evidente y sólo faltaban dos meses para la fecha prevista del nacimiento de su primer hijo. Idoia se tumbó como cada tarde en el sofá de su casa para continuar leyendo un libro. Pero algo imprevisto sucedió. Sintió inesperadamente la humedad entre sus piernas como anticipo de un nacimiento más que deseado pero demasiado prematuro.

A las pocas horas estaba ingresada en el hospital y ellos (los médicos) intentando frenar el parto de una mujer cuyo útero estaba dilatado hasta cuatro centímetros. Fue una noche dolorosa y los efectos secundarios de la medicación para evitar el parto, mantenían su corazón a ciento veinte pulsaciones por minuto. Durante la mañana Idoia se sintió molesta en varias ocasiones y así se lo manifestó a la enfermera de turno. Por ello, decidieron hacerle primero una ecografía. Pero cuando llevaba dos horas esperando en una silla de ruedas, se sintió verdaderamente incómoda y decidieron hacerle la prueba.
― ¡Caramba! ―exclamó el doctor― . Acabo de percibir una contracción.
―Yo también. Por lo tanto los dos seguimos vivos ―de milagro, pensó sin atreverse a decirlo por educación, por fin alguien que sabe de qué va esto.
Al subir de nuevo a la habitación Idoia continuaba con las mismas molestias. No tenía apetito pero la enfermera le indicó que tenía que comerse una manzana porque justo después le realizarían un análisis de azúcar en sangre. Pero cuando Idoia estaba llegando al corazón de aquella manzana, el suyo se despertó por fin.
―O avisas en este momento al ginecólogo o me levanto yo misma a buscarlo y te juro que tu hijo nacerá en este pasillo ―le dijo al futuro padre de la criatura.
Él salió diligente y a los cinco minutos entraron en la habitación dos personas: el ginecólogo y la enfermera de las narices.
―Esta mujer lleva toda la mañana lamentándose. Para mí que es una de esas quejicosas ―dijo en tono irónico la enfermera de los cojones.
―Pues verá doctor ―contestó Idoia ya harta de aquella situación―, ayer cuando llegué al hospital estaba dilatada de cuatro centímetros y sólo sentía molestias. Digo yo, que si ahora me duele tantísimo será porque algo está pasando. Pero ya me lo dirá usted porque aquí el médico no soy yo ni tampoco esta señora, por cierto ―y entonces sí, dirigió una mirada desafiante hacia aquella enfermerucha.
―Te voy a practicar un tacto. Seguro que te molesta un poco pero lo voy a hacer con todo el cuidado del mundo ―dijo el doctor amablemente―. Pero Idoia casi ni se enteró y entonces sucedió.
―Estás dilatada de ocho centímetros. Esto es un parto inmediato. Llevadla en cama al paritorio y sin pasar por la sala de dilatación.
Idoia con su loca cabecita pensó entonces en el juego del Monopoly y se imaginaba a la enfermera extrayendo una tarjeta de la Caja de Comunidad que dijese: Vaya usted a la cárcel sin pasar por casilla de salida y sin cobrar los doscientos euros.
Pero la enfermera en aquel momento sintió su metedura de pata, se veía en sus ojos. Entonces la tomó fuerte de la mano y la miró fijamente.
―Siento mucho lo que ha pasado. Perdóname. Deseo que te vaya todo muy bien y que tengas un hijo muy sano. Lamento mucho no haberte escuchado.
El parto fue rápido, sin anestesia y en el momento en que el ginecólogo practicaba la sutura de la episiotomía, una comadrona preguntó dirigiéndose a todo el equipo médico que asistió el nacimiento.


― ¿Alguien se ha fijado en la hora del llanto para apuntarlo en el libro?


Pero nadie lo había hecho. Entonces contestó la única persona que era inimaginable que se hubiese percatado de la existencia de un reloj de agujas. Aquella mujer era su madre y con las piernas aún abiertas, el corazón roto y la piel sudada, dijo:

―¡¡¡ERAN LAS DOS Y CUARTO!!!

Su hijo nació un siete de agosto, dos meses antes de lo planificado. Hoy cumple once años, es un niño muy sano, el más alto de la clase y juega muy bien a baloncesto. Cuando Víctor, que así se llama, cumplió cinco años le entregó un poema a su madre. El único poema que alguien le ha escrito y algo que la emocionó profundamente, porque su madre es una romántica empedernida. Hoy Idoia le ha regalado a su hijo el juego del Monopoly, al que por cierto siempre perdía de pequeña. Y como no podía ser de otra manera, Víctor le ha plantado un par de hotelazos en el Paseo de Gracia y en la calle de Balmes y le ha desplumado en sólo una hora.

Su madre ha comprendido que nunca se le dio bien este juego, quizás porque no cree en la propiedad privada. Además, ella sigue apostando por una sanidad pública para todos ―su familia incluida―, por mucho que siga existiendo por ahí alguna enfermera embrujada.

10 COMENTARIOS:

  1. "Qué mujeraza Eau", muy tierna historia de amor.
    Como siempreun relato precioso, con todo lo que significa ser mamá.
    Te mando un beso grande.

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  2. Preciosa historia
    Seguro que eres toda una madraza.
    BESOS

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  3. Por que serà que todos muchos papás y mamás tenemos alguna história parecida...., tengo tres hijos y el segundo, un poco mas y nace en el ascensor camino del paritorio. La "experta" enfermera no nos hacia caso, cuando me hube puesto la bata y los peucos tuve el tiempo justo de ver asomar la cabecita de mi niño, si me lo pierdo......la mato.
    Un abrazo y a tu hijo un chócala !

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  4. Me has emocionado y eso a cuarenta grados, no es fácil,

    Un beso

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  5. A mí me emociona el triunvirato femenino que tienen montado aquí.
    Os voy a observar de cerca, me gusta más “a veces” que “siempre”, aunque el nombre de Euria de momento no signifique nada.
    Un saludo.

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  6. Hola Idoia,
    Me has dejado sin palabras, emocionada. No quiero pensar en que todo se viene abajo, sino en lo positivo, en la fuerza y la ilusión que pones a todo, incluso en la manera de expresarte. Apenas entro a los blogs ya, pero de casualidad me acordé, y fíjate las coincidencias, era por algo de un embarazo... Cuando he visto que hablabas de esto, me he quedado fría... jeje

    Besito

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  7. Feliz cumple Victor...realmente eres un luchador...y tu mami una leona...espero que lo hayas pasado genial....besooosss

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  8. Y "eau" "de agua" en Frances...xD Interesante. Me gusta el significado de Euria.
    Rorschach viene por dos cosas: primero por el test de Rorschach el de las manchas en forma de mariposa. http://es.wikipedia.org/wiki/Test_de_Rorschach
    Pero realmente deviene del nombre propio de un personaje de la novela grafica Watchmen.
    http://es.wikipedia.org/wiki/Rorschach_%28c%C3%B3mic%29
    Básicamente un psicópata.

    Pronunciarlo...con mucha practica me temo, desgraciadamente por aquí solo movemos los dedos no los labios.
    Un beso de papel.

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  9. ¡Hola Eau!

    Así el relato, se entiende lo del parto anticipado: tanto el hijo como la madre ya desesperaban por conocerse y retarse mutuamente.

    Felicidades Idoia! por ese hijo que quizá se haga banquero con el tiempo (jeje!), por esa presencia de ánimo justo antes de parir, y por esa nobleza que, sin duda alguna, contribuyó a hacerle ver a la Enfermera su error...

    Y felicidades especialmente por tu relato, que no hay mejor prueba de grandeza que saber reirse un poco de nosotros mismos.

    Un abrazo,

    G.

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  10. Me ha gustado esta manera de contar tu historia, está llena de emoción y sentimiento

    Saludos

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