13 de septiembre de 2011

EL SILENCIO FEMENINO

Amalia dispuso sobre la mesa el café y las pastas. Cambiaba continuamente las tazas y cucharitas de sitio, como buscando el orden correcto del azúcar en el mundo. Estaba más nerviosa de lo habitual y dejaba entrever en su mirada una actitud triste. Estábamos todos reunidos después de un largo verano sin vernos, y el ambiente lacónico de septiembre parecía anticiparse al otoño.

―¿Cómo han ido las vacaciones? ¿Alguien hizo un viaje exótico? Venga, contadme y me moriré de envidia. Yo sólo he trabajado ―comenté con la intención de animar la tertulia.
―Nosotros hemos celebrado nuestro décimo aniversario y llevé a Amalia de viaje a Islandia ―respondió Jaime en actitud orgullosa mientras Amalia salía a la terraza con la excusa de fumar un cigarrillo.
―Vaya, Jaime. Yo cuando voy de viaje me llevo el cepillo de dientes y los condones. Pero las personas que vienen conmigo, no me las llevo, son mis acompañantes.
Entonces fui a la terraza para charlar con Amalia del verano y de los planes para el próximo otoño.
―Yo también necesito fumar un cigarro. Disculpa, pero tienes un marido que me pone de los nervios.
―Pues ya somos dos. Si yo te contara... A mí me apetece un güisqui, ¿y a ti?
―Voy a la cocina y vuelvo con dos vasos.
Al pasar nuevamente junto a la mesa me percaté de la cara de indignación de Jaime. Sospeché que me iba a ir bien servida al regresar a la terraza. Y así fue.
―Yo me voy ―dijo Jaime con un tono de voz elevado, y la intención de que todos lo oyéramos―. Está claro que las mujeres van a terminar hablando y hablando, entre ellas, como si los demás no existiéramos. Si quieres, Amalia, también te llevo ―remarcó las palabras con sarcasmo―. Y a ti, Euria, no te vendría mal aprender a estar calladita. Para variar.
―No es necesario ―contestó Amalia―. Volveré con Iñaki y Carlos. O mejor dicho, no volveré ―dijo susurrándome al oído, como intentado desvelarme sus verdaderas intenciones para el otoño.
―Hasta luego Jaime ―respondí educadamente―. ¿Seguro que no prefieres charlar con nosotras? Quizás aprendas algo tú también.
(...)
―¿Me he perdido algo, Amalia? Vaya forma de terminar el verano. La hemos liado parda.
―Sí, cariño. Ocurre algo, y gordo. Me he enamorado de un hombre irresistible. Lo conocí en el supermercado hace seis meses. Es de Bilbao pero está en Barcelona por asuntos de trabajo. Mañana regresa y yo estoy haciendo las maletas para irme con él.
―Pero tú eres de Bilbao también. ¿Vuelves a casa, entonces?, o mejor dicho, ¿dejas a tu marido?
―Sí, exactamente. Quiero decir que seguramente me quedaré en Bilbao para siempre. Pero me voy a vivir con él. Y si no funciona, pues allí está mi familia. El próximo verano no trabajes tanto. Mejor te vienes conmigo. Allí se come de maravilla y todavía conservo mis amigos de toda la vida. Te encantará.

El siguiente fin de semana recibí una llamada de Jaime. Quiso disculparse conmigo por lo sucedido el sábado anterior. Además, me comentó que Amalia se había ido a Bilbao a pasar unos días con su familia, pero ella no le había llamado desde entonces, y él estaba muy preocupado.

―He llamado a su casa y sus padres me han dicho que está con ellos, sí, pero no consigo localizarla. Siempre está fuera, en el cine, o paseando..., y no contesta mis llamadas al móvil. ¿Tú sabes algo de Amalia?
―Yo la vi el sábado por última vez y no sé nada más ―le contesté apenada, mientras pensaba que fue él quien me recomendó mantenerme en silencio. Y resulta que en el fondo sentía cierto aprecio por él. Era un borde, sí. Pero me dio pena―. Me alegro de que hayas llamado. Disculpas aceptadas. La verdad es que yo tampoco fui muy amable el otro día. Este verano he estado muy estresada. Demasiado trabajo, tú sabes. ¿Tomamos algo en el Zurich? A ver si nos relajamos un poquito.
―Perfecto. ¿A las ocho?, ¿el viernes?
―Allí estaré.

Y esta es la historia de cómo aprendí a estar calladita. Esa tarde me lo pasé fenomenal con Jaime. Cenamos algo por ahí. Todo muy informal. Bebimos un poco más de la cuenta y una cosa llevó a la otra. Ese fue el primer día de nuestra corta pero intensa relación amorosa. Algo que sólo duró cuatro meses pero que nos condujo a una buena amistad. Nunca le dije nada a Jaime sobre la conversación que mantuvimos Amalia y yo aquella tarde, y tampoco le explique a Amalia lo que sucedió con Jaime durante aquellos meses. Me llegaron comentarios de que ella volvió a casarse, pero no lo sé con certeza porque nunca más volví a verla.

8 COMENTARIOS:

  1. De la sartén al cazo, quizás él aprendiera algo.

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  2. Que bueno,
    es difícil darte una opinión,solo se que las oportunidades no se pierden nunca, siempre hay quien las aprovecha y que fue muy buena idea esa tuya la de estar calladita.
    BESOS

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  3. No mezclar asuntos de diferentes relaciones es lo mas adecuado y sano,sobre todo cuando cuando ciertas revelaciones nos han sido confiadas.Aunque me temo que no todas las personas cumplen estas premisas.

    Encantado de dejarme LLEVAR de nuevo por tus textos.

    Abrazos y saludos afectuosos!

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  4. El wwisky, el café, la frustración que causa la soledad, pero esa soledad vacía o la búsqueda de la felicidad, que siempre se nos escapa cuando creemos que esta al alcance nuestro, lo que nos empuja buscar relaciones de placer efímero, que siempre dejan gusto a poco y pensamos que quizás la próxima sí, viviendo en auto engaño constante, un relato excelente de la constante humana, felicitaciones
    saludos

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  5. No recuerdo quien dijo que se pasaría horas hablando de los beneficios del silencio...

    ...

    ... (el silencio masculino) ;0)

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  6. Has descrito a Jaime como unm auténtico imbécil y con el olfato romo. Está bien compuesto y debe ser de aquellos que cree que se arregla dando órdenes a esposa, hijos, secretaria, y que por supuesto, todo tiene precio (quien confunde valor y precio es necio):

    -¿Cómo no vas a estar contenta con lo que me gasté en el viaje?
    -¿He enviado a nuestro hijo a un colegio americano que es la hostia? (cuando seguramente se conforma con la UNED y estar un poco en casa

    Seguramente piensa que las mujeres son caprichosas e idiotas: "Sé que he sido un cabronazo pero con estas flores, estos bombones, este anillo con pedrusco, esta cena (lo que sea)... vas a estar contenta".

    Y en su entorno laboral es de aquellos que no comparte nada y se lo guarda para él pues no vaya a salirle alguien que le haga sombra. También es el que se apunta los éxitos de sus subordinados y claro, desaparece oportunamente cuando hay errores o tiene un montón de excusas menos asumir sus equivocacones. Como hace ese entrenador portugués que está catalogado como tóxico por un autor de libros de autoayuda.

    Lo has retratado como un auténtico gilipollas: cuando dos mujeres se quedan hablando, luego ella se larga y ¡no es capaz de establecer relación alguna entre los dos hechos!

    Respecto al hecho de hablar más o hablar menos:
    Dicen los sabios que hay que dejar que las cosas se produzcan y no precipitarlas. Si fuese así, parece que Euria habló demasiado. Pero resulta que como están los tiempos con eso de la violencia doméstica, ¿quién sabe si Euria salvó una vida?
    De todos modos, Amalia en tu escrito, ya había tomado la decisón por la tanto las cosas igualmente han sucedido por sí solas y el comentario del cepillo de dientes es de aquellos de "me lo pusieron en bandeja". Por supuesto muy inteligente.
    Digno de un film de Woody Allen.
    Besos

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  7. Gracias a todos/as por vuestros comentarios.

    Pilar: Sospecho que las personas como Jaime no aprenden. Pero no importa, yo me divierto con ellos/as igualmente. Y no creas, conozco unos cuantos/as y tienen su punto de dulzura.

    Meme: Totalmente de acuerdo... las oportunidades hay que aprovecharlas siempre.

    Antonio: Me has dado en el corazoncito. Tengo claro que escribiré siempre, de uno u otro modo, y me encanta dejarme llevar cuando escribo y llevarme conmigo a los/las que quieran acompañarme.

    Pedro: Cuando escribí el relato quise transmitir exactamente eso que tú describes tan bien. Me alegra haberlo conseguido y me encanta tu comentario.

    Kikelin: Los hombres en general manejan el silencio de una forma magistral. Algo que resulta muy seductor en mi opinión.

    Manel: Tu comentario me deja anonadada. Todavía estoy liada con el curso de escritura creativa, pero después comienzo otro curso de dramaturgia. Me fascina la dramaturgia... todo un descubrimiento para mí, desde el punto de vista narrativo. Y tu referencia a Woody Allen, sinceramente, me encanta. Gracias.

    Besos enormes a todos y todas.

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  8. La vida es muy, pero que muy complicada y los silencios muy a menudo la explican mas que las palabras

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