En esta última ocasión tuvo la oportunidad de conocer a Mario. Un hombre más joven que ella y muy atractivo que mostraba cierto interés por ella ―como todos, al principio―. Pero esta vez era especial, porque Mario reunía todo aquéllo que siempre había deseado en un hombre: carácter, educación, dominio del lenguaje y una sonrisa sensual y franca. Pero paradójicamente y quizá por ese mismo motivo, Euria decidió no apostar por ese sentimiento y no hacer ningún esfuerzo en favorecer un sólo encuentro entre ambos. Pensó que la decepción podía ser demasiado fuerte y decidió no intentarlo siquiera para ahorrarse el mal trago.
Pero aquéllo debía ser amor verdadero, porque no podía pensar en otra persona que no fuese él, y sus fantasías le hacían recordar continuamente aquel miembro rosado, hermoso y ciertamente grande que tuvo la ocasión de probar una vez. Pero también era verdad que en esas fantasías y de forma esporádica, participaba el panadero de su barrio, haciendo un trió junto al horno de la panadería. Sería el frío del invierno o tal vez el olor a pan recién hecho, porque el panadero no podía ser la explicación. Era un tipo sin nombre ―al menos para ella― alto y tosco, de cejas pobladas y carácter serio, que a Euria no le gustaba lo más mínimo y con el que jamás hubiera pensado acostarse seriamente. Después de todo, las fantasías suelen ser así ―irrealizables― afortunadamente.
Cuando paseaba por el barrio, Euria fantaseaba con la aparición repentina de Mario, buscándola como sólo pasa en las películas. Y al regresar a casa, el día menos pensado, Euria se encontró a Mario sentado en la escalera del portal esperando como se esperan las cosas que pasan sólo una vez en la vida. Allí comenzaron su relación, y seis meses después Mario se mudó de casa y de ciudad para ir a vivir con ella. Euria estaba realmente ilusionada, como nunca antes lo había estado y quería celebrar una cena con todos sus amigos, ya que algunos de ellos ni siquiera conocían todavía a Mario.
Sonó el teléfono móvil en su bolso y Euria comprobó que era su madre. Caminaba por la calle distraída y le contaba, casi a gritos, que por primera vez se sentía enamorada y verdaderamente correspondida. Cruzaba las aceras como levitando sin prestar atención al tráfico, y en el momento más inoportuno aquel conductor vio su semáforo verde y no se percató de que una mujer cruzaba el paso en rojo y mirando al cielo. Las sirenas de las ambulancias comenzaron a sonar, y durante quince días Euria permaneció postrada en la unidad de cuidados intensivos en estado de coma.
Al despertar fue el rostro de Mario lo primero que pudo ver Euria. Pero ella no lo reconocía. Durante un mes no consiguió recordar quién era aquel hombre que no se separaba de su lado. La amnesia postraumática le había provocado una pérdida de memoria transitoria, especialmente de todo lo acontecido en el último año. Pero poco a poco fue recuperando todos los recuerdos. Excepto uno, el más importante. Mario era un tipo realmente guapo, pero a ella no le atraía en absoluto. No entendía como en algún momento de su vida pudo enamorarse tal como él aseguraba. Así que finalmente rompieron su relación.
Meses después Euria comenzó a verse con un hombre bastante mayor que ella y con fama de mujeriego. Él tenía su propio negocio y ella iba a ayudarle muchas tardes cuando libraba en su trabajo. Le gustaba ir a verle a ese lugar, sobre todo en invierno. Se ponía junto al horno y olía a pan recién hecho. Estaba feliz, y cuando hacían el amor no necesitaba pensar en nadie más. Su piel, como su horno, respiraba erotismo y masculinidad por todos sus poros. No calculaba tamaños ni medía los kilómetros. La realidad esta vez había superado todas sus fantasías. Se llamaba Alberto y siempre había vivido al lado de su casa, lo que demostraba que la distancia o la cercanía amorosa entre dos personas es algo que puede resultar muy relativo.
Caminando hacia el final feliz, un giro inesperado y el final supera lo esperado.
ResponderSuprimirEstupendo cuento.
La encuentro una historia muy real por que las distancias las ponemos las personas no los kilómetros.Cuestiones que solemos aprender con el paso del tiempo
ResponderSuprimirEuria necesito de Mario para encontrar a Alberto pero lo mejor es que se encontró a ella misma.
Abrazos y saludos afectuosos!
La vida es una caja de sorpresas, completamente impredecible...
ResponderSuprimirEn esta historia nos has paseado por la felicidad, la incertidumbre, la sorpresa.. eso, como la vida misma!
Muxutxuak, polite!
Sabes, no podía comentar en un montón de blogs, desde ayer, parece que sí, vamos a ver...!
;)
Lo q no cuentas es q´fue de Mario, ese gran tipo (héroe trágico).
ResponderSuprimirA mí ella me ha caido un poco mal (la pobrecita descerebrada), entre otras cosas (no sólo) por eso.
Beso desde Noruega (¿demasiado lejos?... Bueno, el blog lo tienes a tiro de click)
rafarrojas (de La Nada y La Fuga)
Gracias a los cuatro. Me gustan vuestros comentarios.
ResponderSuprimirBienvenido rafarrojas, un placer. Ay,ay,ay... que me parece que Euria es una libertina, pero yo voy a defenderla, de descerebrada nada. Comprendo que no te caiga bien, pero te aseguro que tiene muchos pretendientes, no sufras, jeje.
La distancia no es ningún problema para acercarme a la literatura. Allá voy, que tú si que me has caído bien a mí.
Besos a todos
Cada vez más literario. Creo que es el primero que te leo que no está en primera persona y también es el primero donde introduces una acción verosímil y a la vez cruel con el personaje protagonista. Y el desenlace está es también bueno y consecuente con esos sueños de deseos escondidos. No quiero decir que lo anterior fuese malo, ¡faltaría más! sino que al usar la primera persona estabas atada sin remedio al personaje. En cambio ahora, Euria, es tan sólo un personaje que como autora manejas su vida. Al menos lo intentas aunque a muchos escritores a veces sus personajes como en "La Rosa Púrpura del Cairo" se le revelan de tanto en tanto...
ResponderSuprimirbesos
Hola Manel. Qué bien me sigues... efectivamente he decidido dar un giro al estilo narrativo y escribir en tercera persona, especialmente los cuentos. Esto me permite tomar distancia con el personaje protagonista y a la vez introducir otros personajes. Esta vez: Mario, Alberto y la madre de Euria, el conductor... en fin, un disfrute para mí, el poder dar protagonismo a todos ellos, porque la vida no sólo tiene un punto de vista sino muchos. Me gusta cómo Rafa (uno de mis lectores), se ha centrado en Mario como el héroe y perdedor, que es lo que yo quería transmitir. Es una injusticia para Mario, pero la vida es lamentablemente muy injusta.
ResponderSuprimirMi prfesora dice que tengo facilidad para desarrollar personajes y es algo que quería comenzar a plasmar.
Gracias de nuevo Manel.
Un beso grande
Besos Idoia
ResponderSuprimirhacia tiempo que no me dejaba caer por aquí...
Me encanta el olor a pan recién hecho, en mi calle hay un horno, y por las mañanas me despierta el olor que entra por mi ventana,ES QUE AQUÍ AÚN SE DUERME CON LAS VENTANAS ABIERTAS YA LLEVAMOS CASI SEIS MESES DE CALOR,,, pues yo siempre salto de la cama a la cocina a ver que pillo para comer del hambre que me entra del olorcito a pan.
Por cierto está un poco loquita Euria pero es que se ha enamoraooooo, y el amor es así de loco, nunca se sabe donde aparecerá, si a la vuelta de la esquina o a 500 kilómetros.
BESOTES
Cuánta intensidad, al final no esperaba el giro que le has dado, nunca se sabe dónde encontrará uno el amor, supongo que el término "distancia" es algo que hemos creado nosotros
ResponderSuprimirAbrazos
Hola Meme y Javier. Los dos estáis conmigo desde hace tiempo, Javier casi desde el principio. Es un verdadero placer poder encontrar a través de las palabras un punto de comunicación que perdure. Me alegro de que sigáis ahí. Es bonito, muy bonito. Tengo que decir que la personalidad de Meme es impresionante. Su fuerza y su lucha para encontrar lo hermoso de la vida me tiene alucinada. Sin duda Javier sería perfecto para inmortalizar con su cámara toda la belleza que Meme proyecta.
ResponderSuprimirBesos a los dos
Uff
ResponderSuprimirIdoia tu si que me acabas de impresionar a mi.
Gracias, cosas así me hacen sentir que merece la pena seguir con el blog.
besos.
Yo, que soy un cinéfilo empedernido, veo en este relato una mezcla de "mientras dormías" y de "Hechizo de luna" ... ¿no te parece?
ResponderSuprimirGracias mil por tus buenos deseos.
Besos para ti
Me ha gustado mucho, sobretodo porque yo me llamo Mario! Buen principio y gran final.
ResponderSuprimirUn beso.
Kikelin: Muy ingenioso. La verdad es que no me inspiré en ellas, al menos conscientemente. Cher me encanta como actriz, cantante y artista en general, pero Sandra Bullock no mucho.
ResponderSuprimirMario: Bonito nombre el tuyo. Tu comentario también me gusta. Tú sí que escribes bien.
Besos