15 de diciembre de 2011

ADIEU MON AMOUR



Se dirigía al aeropuerto para tomar un vuelo a París por un motivo laboral. Un viaje corto, prácticamente una semana, pero Eau ya había preparado un par de salidas nocturnas con unos viejos amigos, aunque le gustaba especialmente la vida diurna de la ciudad y pasear por sus puentes. Al despegar el avión, sintió que alguien desde el asiento de atrás la llamaba por su nombre con una voz que le resultaba familiar y extraña al mismo tiempo. Era Pierre, un viejo amigo que conoció durante su estancia en París hacía más de diez años. Enseguida entablaron conversación, recordaron sus encuentros y la alegría con la que vivieron aquella época. Pierre seguía conservando su atractivo y aquel aspecto ágil de la juventud a pesar de que ya rondaba los cuarenta. Su mirada, en cambio, reflejaba una gran tristeza. Esa semana celebraron su reencuentro y comieron juntos casi todos los días. Visitaron los mismos lugares y volvieron a acostarse en cada uno de ellos, a los dos les gustaba hacerlo en la calle y ahora repetían el intento con la obsesión de recuperar junto al Sena, los sentimientos ahogados en un viejo y olvidado pasado.
El domingo ella regresaba a Barcelona y Pierre decidió acompañarla al aeropuerto. Fue una despedida larga y triste, casi sin mediar palabra. En esos momentos Pierre pensaba en Eau como una oportunidad perdida, quizá pudo ser la madre de sus hijos, pero se casó con Marie y tuvo dos hijos con ella: El primero murió en un accidente y el segundo se convirtió en su refugio durante los primeros años. Pero un incidente sin importancia desató la sospecha de que su único hijo quizá no fuese suyo, y unas sencillas pruebas de su saliva pusieron de manifiesto que aquel niño no era su hijo biológico. Meses después estaban separados y Pierre intentaba luchar por una custodia compartida de un niño que era lo único que daba sentido a su vida.
También Eau estaba muy pensativa. Su mente vagaba por sus amantes durante los últimos diez años. Casi no recordaba sus nombres, sobre todo los primeros porque fueron solamente una excusa para olvidar aquel desplante. De hecho recordaba perfectamente sus palabras un trece de junio, diez años atrás, cuando al salir de la habitación del hotel decidieron dar un paseo por el Sena. Caminaban en silencio y al llegar al Pont Neuf, Pierre la sujetó de la cintura y le susurró: ―Podemos seguir viéndonos. Llámame cuando te apetezca. Pero antes deberías saber que lo nuestro es una relación pasajera, simplemente para divertirnos. Tú regresas a Barcelona en poco tiempo y todo se acabará entre nosotros. No encuentro motivos para mantener esta relación en la distancia.

Pero al poco tiempo Eau regresó a París de nuevo para trabajar durante seis meses con un contrato en prácticas. Entonces Pierre averiguó su teléfono y la invitó a vivir con ella. Pero ella le contestó con un impasible ya me lo pensaré que se convirtieron en sus últimas palabras porque nunca volvieron a verse hasta el domingo pasado. Lo cierto es que no recordaba muy bien aquello: Quizá fue la recomendación de su psiquiatra de no iniciar nuevas relaciones hasta recuperar su estabilidad, o tal vez fue su subconsciente sugestionado por el efecto de las benzodiazepinas que todavía continuaba tomando en sus crisis recurrentes.

Las cafeterías de los aeropuertos son todo un símbolo de la decadencia de nuestra sociedad —pensaba Eau— mientras observaba las manos de él, todavía delicadas y suaves aunque continuase trabajando en un taller de pintura y a ratos como pianista mediocre. Su rostro era ya el de un extraño. Su voz parecía lejana y su mente estaba ya en otro mundo. La megafonía les dio el aviso y se despidieron allí mismo como si nada.

—Au revoir— dijo Eau muy suavemente y con una leve sonrisa.
—Adieu mon amour— respondió Pierre.

7 COMENTARIOS:

  1. Cuando se nos cruza el pasado, qué dificil es no dejarse llevar por la dulzura de la nostalgia, aunque ya no seamos capaces de dejarnos llevar por su embriaguez.

    Bella estampa, Paris, siempre en sus puentes.

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  2. Revisitar el pasado con encuentros siempre nos crean variadas sensaciones.La más común de ellas es saber quién ganó o perdió con el paso del tiempo.
    Pierre aun se pregunta si alguna vez fue ganador.

    Abrazos saludos afectuosos y buen finde Idoia!

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  3. Pilar: Eres, y lo sabes, "mi columnista" favorita. Llevas la columna en la sangre. Te lo digo yo... Besos
    Antonio: A veces el pasado se vuelve presente sin buscarlo nosotros. Reaparece en forma de segundas partes... como la vida misma. Yo creo que todos ganamos en cada experiencia, siempre que haya respeto, claro. Me gusta tu nueva foto. Besos

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  4. glup!!!
    se me hizo la idea de que era una continuidad alternativa de la pelicula "Antes del amanecer", me quedo más con esta es la más realista, más cercana a la realidad, de como a veces el pasado nos golpea en pleno rostro y nos dice lo que podriamops haber sido, pero a su vez no es bueno vivir del psado, lo que ya paso fue.

    Muy bueno el relato, me gusto, te sigo...

    saludos!

    Carlosmxax

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  5. "Et nous ferons de chaque jour
    toute une éternité d'amour
    que nous vivrons à en mourir"

    Qué puedo decirte de Georges Moustaki, de Le Métèque...

    Y la historia, que lo dice ya todo.

    Estas historias d'Eau dan para mucho, para ponerse melancólica... un rato largo!
    Merci beacoup!
    ;)

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  6. Hola Carlos, yo también te sigo. Gracias por tu comentario y por nombrar la película. No la he visto. La veré en cuanto pueda y pensaré en tus palabras. Ahora mismo me paso por tu blog.
    Besos

    Ay, Edurne, es que cuando me sale Eau, se me sale por todas partes. La melancolía es uno de mis estados emocionales más frecuentes. Suerte que también tengo a Euria para sacarme de juerga por la vida.
    Eskerrik asko, neska polita. Kontuz ibili. Musuak

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  7. Tu texto me sugiere:
    A veces el pasado se nos presenta de nuevo para darnos una segunda oportunidad y otras, las más, para reiterar en momentos de duda, que no nos habíamos equivado en la elección. Personalmente soy de este último bando. Me gusta mucho tu texto, porque, con cambios y distancias, me ha sucedido algo así, pero tan sólo una mesa por medio y dos cafés...
    La elección de Moustaki creo que ha sido muy acertada. Todos somos emigrantes o todos estamos de paso. A veces caminamos juntos y a veces nos separamos. C'est la vie!
    Un fortísimo abrazo y muchos besos

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