Yo, una mujer soñadora, cronopio en estado puro, seducida por un hombre altivo, fama en su forma más hostil y ambos en algún lugar demasiado mundano para ser nombrado. Fue en mis caderas que supo reconocer la profundidad del deseo y en su mirar el espejismo de la belleza. Pero el fama tiranizado censuró mis palabras públicamente, humilló mis sentimientos y cerró mis ojos para siempre. Se vistió de fantasma para seguirme sin dejar huellas, sin conseguir engañarme, porque si de algo sabe un cronopio es de sueños. Se rodeó de multitud de mujeres, pero todas fueron falsas esperanzas de amor verdadero, que por algo Cortázar las omitió en el título de sus Historias de cronopios y de famas como si no existieran.
Él, condenado por siempre a dar saltos como pez en el agua nadando contracorriente negándose a su destino, sólo por querer alcanzar el nacimiento del cielo... Y después yo, margarita deshojada, roca helada en la otra orilla, como una víctima más de su condena perpetua.
Se dirigía al aeropuerto para tomar un vuelo a París por un motivo laboral. Un viaje corto, prácticamente una semana, pero Eau ya había preparado un par de salidas nocturnas con unos viejos amigos, aunque le gustaba especialmente la vida diurna de la ciudad y pasear por sus puentes. Al despegar el avión, sintió que alguien desde el asiento de atrás la llamaba por su nombre con una voz que le resultaba familiar y extraña al mismo tiempo. Era Pierre, un viejo amigo que conoció durante su estancia en París hacía más de diez años. Enseguida entablaron conversación, recordaron sus encuentros y la alegría con la que vivieron aquella época. Pierre seguía conservando su atractivo y aquel aspecto ágil de la juventud a pesar de que ya rondaba los cuarenta. Su mirada, en cambio, reflejaba una gran tristeza. Esa semana celebraron su reencuentro y comieron juntos casi todos los días. Visitaron los mismos lugares y volvieron a acostarse en cada uno de ellos, a los dos les gustaba hacerlo en la calle y ahora repetían el intento con la obsesión de recuperar junto al Sena, los sentimientos ahogados en un viejo y olvidado pasado.
El domingo ella regresaba a Barcelona y Pierre decidió acompañarla al aeropuerto. Fue una despedida larga y triste, casi sin mediar palabra. En esos momentos Pierre pensaba en Eau como una oportunidad perdida, quizá pudo ser la madre de sus hijos, pero se casó con Marie y tuvo dos hijos con ella: El primero murió en un accidente y el segundo se convirtió en su refugio durante los primeros años. Pero un incidente sin importancia desató la sospecha de que su único hijo quizá no fuese suyo, y unas sencillas pruebas de su saliva pusieron de manifiesto que aquel niño no era su hijo biológico. Meses después estaban separados y Pierre intentaba luchar por una custodia compartida de un niño que era lo único que daba sentido a su vida.
También Eau estaba muy pensativa. Su mente vagaba por sus amantes durante los últimos diez años. Casi no recordaba sus nombres, sobre todo los primeros porque fueron solamente una excusa para olvidar aquel desplante. De hecho recordaba perfectamente sus palabras un trece de junio, diez años atrás, cuando al salir de la habitación del hotel decidieron dar un paseo por el Sena. Caminaban en silencio y al llegar al Pont Neuf, Pierre la sujetó de la cintura y le susurró: ―Podemos seguir viéndonos. Llámame cuando te apetezca. Pero antes deberías saber que lo nuestro es una relación pasajera, simplemente para divertirnos. Tú regresas a Barcelona en poco tiempo y todo se acabará entre nosotros. No encuentro motivos para mantener esta relación en la distancia.
Pero al poco tiempo Eau regresó a París de nuevo para trabajar durante seis meses con un contrato en prácticas. Entonces Pierre averiguó su teléfono y la invitó a vivir con ella. Pero ella le contestó con un impasible ya me lo pensaré que se convirtieron en sus últimas palabras porque nunca volvieron a verse hasta el domingo pasado. Lo cierto es que no recordaba muy bien aquello: Quizá fue la recomendación de su psiquiatra de no iniciar nuevas relaciones hasta recuperar su estabilidad, o tal vez fue su subconsciente sugestionado por el efecto de las benzodiazepinas que todavía continuaba tomando en sus crisis recurrentes.
Las cafeterías de los aeropuertos son todo un símbolo de la decadencia de nuestra sociedad —pensaba Eau— mientras observaba las manos de él, todavía delicadas y suaves aunque continuase trabajando en un taller de pintura y a ratos como pianista mediocre. Su rostro era ya el de un extraño. Su voz parecía lejana y su mente estaba ya en otro mundo. La megafonía les dio el aviso y se despidieron allí mismo como si nada.
—Au revoir— dijo Eau muy suavemente y con una leve sonrisa.
Intento no caer en el reproche. A veces no lo consigo y me siento muy mal por sucumbir a una revancha a destiempo que ya no tiene ningún sentido. Hay noches que no me entiendo. Hoy sólo puedo leerte a ti.
AYER (Mario Benedetti) Ayer pasó el pasado lentamente con su vacilación definitiva sabiéndote infeliz y a la deriva con tus dudas selladas en la frente.
Ayer paso el pasado por el puente y se llevo tu libertad cautiva cambiando su silencio en carne viva por tus leves alarmas de inocente.
Ayer paso el pasado con su historia y su deshilachada incertidumbre con su huella de espanto y de reproche. Fue haciendo del dolor una costumbre sembrando de fracasos tu memoria y dejándote a solas con la noche.
―En una de las innumerables reuniones de la sociedad de la época se encontraron Marilyn Monroe y Albert Einstein. Marilyn, que no encontró tema de conversación al situarse frente a Einstein, decidió proponerle matrimonio: “Que dice profesor, deberíamos casarnos y tener un hijo juntos. ¿Se imagina un bebé con mi belleza y su inteligencia?” Einstein, que no cambió su gesto serio después de la proposición, contestó: “Desafortunadamente temo que el experimento salga a la inversa y terminemos con un hijo con mi belleza y su inteligencia”.
Esta anécdota que circula por la web, proviene de dudosas fuentes y posee una credibilidad nula, pero si estudiamos la historia de los dos personajes, puede ser un indicativo de como funcionan los clichés en nuestra sociedad y muy especialmente en la información difundida por internet. Parece que lo realmente desafortunado analizando la conversación, sea la manipulación mediática con el fin de enfrentar a dos genios del pasado. Los méritos de Albert Einstein y su aportación a la ciencia y al desarrollo son tan grandes como inabordables. Confieso que a veces consulto diversas teorías científicas para poder descifrarlas, y créanme, la teoría del caos no es tan sencilla de comprender como la definición de la RAE. Marilyn por otra parte, es otro gran talento que utilizó las habilidades que ella misma descubrió por el único camino que le dejaron accesible: el de las debilidades humanas. Y también Norma supo aprovechar muy bien su oportunidad para demostrar su inteligencia. ¡Y de qué manera! Reconozco que si fuese mi vecina me haría dudar de mi propia orientación sexual.
Parece que si una persona es inteligente, bella y además tiene talento, la sociedad se encargará de anular o ignorar su inteligencia hasta conseguir que parezca tonta, intentarán además aprovecharse de su belleza, hasta que finalmente se proyecte como una caricatura de sí misma, una víctima de su propia estupidez. Por otro lado, si estamos ante una persona poco agraciada, muy inteligente y talentosa, será tratada como un científico o científica loca e inadaptada, un escritor o escritora bohemia y criminalizada, o un director de cine excéntrico... Sin embargo, todos conocemos ejemplos de hombres realmente feos y verdaderamente estúpidos que han llegado muy lejos, y no quisiera dar ejemplos, pues no creo necesario destacar los defectos de unos para resaltar las virtudes de otros. Las mujeres bellas no tiene por qué ser tontas, es obvio, por la misma regla de tres los hombres feos no son necesariamente inteligentes, pero en esta sociedad la belleza femenina está sobreexplotada, motivo por el cual todas las mujeres hermosas que conozco han aprendido a ser listas o al menos a parecerlo ―cuestión de supervivencia―. También encontramos grandes escritores y pensadores que han denunciado públicamente las injusticias sociales y han sido relegados al anonimato o el exhilio... Y es que cuando los cimientos de nuestro sistema se tambalean siempre hay personas interesadas en seguir manteniendo su estatus a costa de ridiculizar a los grandes genios y siempre hay una sociedad ingenua que se traga la mentira sin profundizar en el engaño.
Es verdaderamente preocupante la facilidad con la que cualquier información difundida por internet sobre el poder curativo de los limones, el vinagre o la chirimoya es interpretada como una verdad absoluta sin necesidad de estudios contrastados ni pruebas feacientes. Si Einstein o Marilyn levantaran la cabeza no podrían dar crédito a la estupidez humana.