La tarde amenazaba lluvia. Regresaba a casa tras un día más de trabajo y decidí volver caminando. En realidad, quería que me alcanzase un diluvio, y lo único que conseguí fue estar empapada al cruzar la segunda manzana. Sonó entonces el claxon de un coche y al girarme comprobé que era Iñaki, un compañero de trabajo al que no le prestaba demasiada atención, porque estaba casado y tampoco se prodigaba en cenas, fiestas ni saraos organizados generalmente para los solteros. Se detuvo en el paso de cebra y me abrió la puerta del copiloto indicando que subiera.
─Te acerco hasta tu casa. Cogerás una pulmonía. ¿Dónde vives?─En la calle Comedias, cerca del parque. Te voy orientando.
Mientras tanto escuchábamos la música y la conversación fue trivial. Al llegar a mi domicilio paró sin preguntar.
─Aparco un momento y te acompaño hasta el portal, ni siquiera llevas paraguas.Antes de despedirse, se quedó un rato callado y mirándome. Supongo que yo debía estar horrible, hacía mucho frío y mis pies pisaban un charco, aunque él no se percatase. Me atrajo hacia su cuerpo, tomándome con fuerza de la bufanda y me dio un beso en la boca, casto, sin pretensiones, que a mí me dejó conmocionada.
─¿Quieres subir a tomar algo caliente? Será solo un momento.─Sí, claro. ¿Porqué no? Cierro el coche y subo ahora mismo.
No me había fijado en el color de sus ojos, de lejos aparentemente castaños, pero de cerca resultaban ser de un gris magnético y oscuro como lo es el mar en días borrascosos. Yo todavía tenía mi ropa mojada y el corazón palpitaba por todo mi cuerpo. La escena me resultaba muy sensual, y cada vez me sentía mas excitada. Me daba igual su estado civil. Por mí, como si tenía cinco esposas. Hacía siete meses que no me acostaba con nadie y estaba decidida a ponerme el contador a cero. Así que me acerqué y concluí el beso, antes inacabado para mí, mientras él me acariciaba el pecho y susurraba en mi cuello.─Te voy a desnudar con tu permiso. No me gustaría que te enfriaras.
Me desabrochó el sujetador con una sola mano. Aquello me dejó estupefacta, mostraba una habilidad que sólo se consigue con un gran talento ─es usted el sostén número cien, felicidades, recoja su premio─ dictaba la voz de mi subconsciente. Y eso es lo que hice, recibir mi regalo. A tomar viento. Porque los expertos recomiendan escuchar nuestras llamadas internas ¿no? El caso es que mientras tanto, mi falda se cayó sola al suelo, o quizá fue él, ¿con la otra mano? Oh, sí. Se oyó entonces el estruendo de un enorme petardo.─¿Y ese ruido? ¿De dónde ha venido? Me preguntó sorprendido.
─Ah, nada. Serán los vecinos que lo celebran todo. Habrá marcado un gol el Osasuna...─Por cierto, Eau, ¿hay alguna parte de tu cuerpo que no te hayan besado nunca? Me gusta el sexo explícito y sin tabúes.
─Sí, la hay, pero no sé si estarás dispuesto.─Tú prueba y ya iremos viendo.
Era una sensación extraña pero muy excitante y a él también parecía divertirle, y desde luego no por primera vez. Eso se notaba.
─En serio, Eau, ¿nunca te habían lamido los dedos de los pies? Los tienes muy bonitos y con las uñas pintaditas de color rojo, incluso en invierno. Eres muy sexy.─Así es, Iñaki. Quiero decir que el resto del cuerpo ya me lo habían besado antes.
─Pero no tendrás inconveniente en que yo te repita, con mucho gusto, todo el recorrido con mi boca por cada uno de tus rincones ¿no? Me muero por comerte entera.Se oyó esta vez una explosión mucho más fuerte que antes, parecido al chupinazo de los Sanfermines.
─¡Caramba, Eau! Vaya vecinos que tienes. Este debe ser por lo menos, el gol de la victoria.Intente ser generosa y dulce ─ese sí, es mi estilo─ y claro, hasta él mostraba tener algún capricho amatorio que conseguí averiguar para su deleite, no con igual destreza, pero sí con la misma dedicación, eso no se me puede reprochar. Porque probar, no sé, parecía que lo hubiese experimentado todo. Le invité a cenar y él se quedó a dormir. Pero al levantarme por la mañana ya no estaba. No lo oí ─mierda─ siempre he tenido un sueño demasiado profundo.
Al llegar a la oficina estaba ilusionada y asustada al mismo tiempo (hasta el cortado de la máquina me supo a gloria). Por un lado no me atrevía con un hombre casado, pero tan buen amante… que tampoco era sano dejarlo pasar, y menos sin tener contundentes argumentos en contra. Aunque sea tres meses ─iba haciendo mis planes─. Decidido. Estaré con él hasta marzo.
Mi jefe malhumorado ─como siempre─ entró en mi despacho, haciendo comentarios sobre el informe que Iñaki, según parece, le había entregado sin cerrar correctamente. Raro, raro ─pensé─ porque el día anterior mostraba ser muy detallista y, por supuesto, lo de terminar el trabajo era su especialidad.
─Insisto, Eau. ¿Has visto a Iñaki? Es que desde que se separó, el hombre anda un poco despistado. Vamos, que no da una.
─Creo que aún no ha llegado. Aunque siento discrepar ─en voz baja de nuevo─ ayer estaba centradísimo. De hecho, no se puede pedir más puntería.
Vaya alegría me dio mi jefe. Separado. Se produjo un cambio radical de mi estrategia. Era un hombre guapo, libre, soltero y yo me había acostado con él. En lugar de unos meses juntos, lo dejamos en un contrato indefinido sin periodo de prueba. No me hacía falta.
Iñaki apareció a los diez minutos. Se acercó a mi mesa y en voz baja me dijo:
─Te invito a un café. Vamos a la máquina. Lo de ayer estuvo bien, Eau. Pero quería que supieras que acabo de separarme y no tengo el cuerpo para empezar una relación. Así que mejor lo dejamos ahí. Eres encantadora, sigamos como buenos compañeros.
─No te preocupes. Yo también tengo un amigo y lo nuestro ha sido algo sin importancia ─alegué en mi defensa, aunque no creo que se lo tragase, siempre he sido nefasta marcándome faroles─. No hay razón para complicarse. Sin problemas.
Y otra vez me vi allí, triste y sola, con un café que ahora me sabía a rayos, cambiando mi trayectoria. Oye. Aquí no ha pasado nada. Tú has puesto a cero la cuenta atrás y eso es lo que importa.
(…)
Casi un año después, todo seguía igual en la oficina. Él se mostraba amable e incluso se acercaba a saludarme, de vez en cuando, sin hacerme preguntas demasiado personales. Yo por mi parte no insistí lo más mínimo, desde el principio. Porque cuando me dicen no, con una sola vez tengo suficiente, y no soy de las que se arrastran suplicando. Francamente, para mí era como si no existiera. Me mostré amigable con todos mis compañeros, como siempre, hasta que un día me encontré un ramo de rosas rojas sobre mi mesa ─y no era mi cumpleaños obviamente─, junto a una nota.
─Abre el correo, preciosa. Te he enviado un mensaje. Besos.
Felicidades Eau. Estás guapísima, como cada mañana. Hoy hace un año que nos hicimos el amor y no ha habido un sólo día que no haya pensado en ti. No quise empezar una relación entonces, lo hubiera estropeado todo, estaba pasando una etapa horrible. Mi hijo falleció en un accidente y eso desencadenó mi separación. Ahora estoy más recuperado. Te invito a cenar. Paso a buscarte a las diez. En tu casa.
Te quiero. Iñaki.
Fin de la historia,y estruendosa traca final.

No se si será tu caso pero casi cada noche en casa hay unos pies que me reclaman su ración de atenciones jajaja..
ResponderSuprimirPor cierto.. no puedo escuchar la música de tus enlaces ya que me parece que hay que darse de alta en el Spotify.
Abrazos y saludos afectuosos!
Sí, Antonio, tienes que darte de alta, es gratis y sencillito. Te envío por mail el enlace que yo usé, ahora no puedo, que mi hijo me llama, está con las mates. En lo de reclamar atenciones soy bastante indepediente (lo reconozco) y me reclaman a mí, jeje, pero cuando me pongo entonces creo que soy dulce, aunque parece que nunca suficiente, jeje
ResponderSuprimirAbrazosos
Por cierto, vaya desastre, he cambiado la interfaz de blogger y yo creo que la entrada última la he clicado y se me han cambiado los códigos, me han aparecido palabras juntas, espacios triples entre líneas. Solucionado. Qué desastre de la informática soy. Ahora sí, con las mates.
Suprimirque bueno!!!!! la Calas, excelente!!!!gracias por compartir!
ResponderSuprimirun abrazo
lidia-la escriba
he dejado las redes sociales,blog actualizado por si quieres ver!
María Callas, qué maravilla. Talento prodigioso y fascinante personalidad. Bellezón. Voy a visitarte.Gracias Lidia.
SuprimirBesos
Estupendo relato y fantástica traca final.
ResponderSuprimirFeliz semana (y suerte con las mates)
Gracias, Pilar. Me alegro de que te haya gustado. Feliz semana para ti también.
SuprimirAbrazo
Bueno, bueno, muy bueno. Ya manejas al lector, le das la mala noticia "lo nuestro ha sido sin importancia", como si fuese ya el final y luego cuando ya "le tienes blando", pam, el final feliz y comieron perdices. El título "Para lanzar cohetes" podría rebelar algo ese final pero no, porque es una frase que se usa en sentido irónico y en el caso del cuento no puedes saberlo hasta que no lo has leído.
ResponderSuprimir¡Un abrazo o los que quieras y un beso o los que quieras!
Gracias Manel. Al escribir siempre intento manejar los silencios, lo que no se dice, tanto como las palabras. El título viene a raíz de un comentario anterior. Abrazo
SuprimirUUaaauuuu!!!!
ResponderSuprimirImpactante, me dejas sin palabras...¿Esas cosas suceden?, se puede ser tan genialmente perfecto???
Ufff precioso...
BESOSSS
Mi querida Suzanne, este relato es inventado, pero creo que sí, los hombres que se enamoran y después de un año todavía lo están, existen. Pero no se expresan igual que Iñaki, aunque lo importante es el sentimiento. Las mujeres como Eau, que esperan después de un año, no sé, yo no conozco ninguna tan perfecta. Me ha gustado tantísimo tu comentario... Vas a la diana de lo que quiero decir... Lista y guapa, Suzanne
SuprimirBesos
Al final sí ha sido para tirar cohetes. Enhorabuena.
ResponderSuprimirLo del contador a cero me ha hecho gracia.
Muchos besos, y a seguir escribiendo de vez en cuando :)
Es verdad Ror, con un poco de paciencia, a veces las cosas son para celebrar, pero en caso contrario, nos queda el sentido del humor. Y es que cuando consigues hacer reír a un hombre... ¡¡zas!! Ya lo tienes. Aunque mis amigas me dicen que los hombres me ríen las gracias porque les gusta mi trasero, que no me crea yo que soy graciosa.
SuprimirBesos
Excelente, me encanto y lo aplaudo !!!
ResponderSuprimirCrei que el amigo Iñaqui seria como muchos mas, pero me termino cerrando la boca para bien ... muy bueno !!!
Besos desde Londres,
Pablo
Hola Pablo. No me extraña que al principio creyeras que Iñaki era como muchos, tenía toda la pinta, pero ya ves, también las personas necesitamos confianza y paciencia y entonces sale lo mejor de nosotros.
SuprimirBesos de tu seguidora más pirenaica.
jaja me gusto eso de "pirenaica" ... mis padres siempre hablaban mucho de los Pirineos y ellos tienen un recuerdo muy lindo de su paso por ahi !!!
SuprimirMi vida está muy ligada a la montaña, Los Pirineos claro, y en el verano paso una semana por lo menos en el valle de Arán. Me gusta La Vall d'Aran, en todos los sentidos, tres idiomas, su cultura, sus gorros tan franceses. Y además Arán significa "valle" en euskera. En fin, es mi rincón para el alma.
SuprimirA veces me pasa por la cabeza como seria el mundo si los humanos pudieramos darnos cariño, placer, sexo.... o simplemente acariciarnos con la misma facilidad que nos invitamos a un café o nos felicitamos el cumpleaños, sin ataduras, celos, necesidades de justificación de palabras, de silencios, de presencias ni de ausencias, de una forma sencilla y que no sentase necesariamente un precedente para nada. Tu me has recordado ese pensamiento con tu delicioso relato.
ResponderSuprimirUn beso
Es verdad, Jaume, parece que todos los encuentros tengan que seguir después de alguna forma, es como si nos sintiéramos obligados por ello, si no es así, la chica es una fresca, o el chico no es un caballero. Nos perdemos la espontaneidad de la vida...
SuprimirBeso
holas como estas
ResponderSuprimirlindo e interesant blog che
bueno che te dejo
nos vemos suerte
chau!!!!!!!!!!
Me encantó!
ResponderSuprimirComo no te conocía hasta ahora...no sabía si tu relato era real o no, que desilusión al leer que era inventado...¡¡ya me estaba alegrando taaaanto por ti!!
Besos
P.
brujuladechocolates.blogspot.com