La playa es el lugar relajante por excelencia. Particularmente, las prefiero salvajes y lejos de la urbanización, para practicar en ellas el nudismo. Sí, sí, he dicho en pelotas. Porque todos presumimos de ser personas liberadas, pero la doble moral es una mala sombra que nos persigue, muy especialmente cuando hablamos de naturismo. Todavía recuerdo aquel programa de televisión; "Un. Dos. Tres. Responda otra vez", en el que aparecían premios que se iban descartando hasta quedarte con uno solo. Podía ser bueno; con suerte un apartamento en la playa, o nefasto, como una calabaza llamada Ruperta. Pero lo peor que te podía pasar, es que te tocara en gracia el premio de una semanita con todos los gastos pagados, para dos personas, en una playa de urbanización nudista. Entonces todo el mundo en el plató, incluido el presentador y por supuesto los telespectadores, se descojonaban a mandíbula batiente del concursante por su ridícula desdicha.
Mi acompañante, en esta ocasión, conocía muy bien el naturismo y me propuso ir a una playa nudista, para pasar la calurosa tarde de verano. Para mí era la primera vez, y acepté la propuesta sin titubeos. Supongo que cuando me encuentro ante a una situación que me puede ruborizar, se crea una lucha en mi foro interno; gallardía contra vergüenza, en la que disfruto dejándome llevar hasta enterrar en lo más profundo de mi ser, mi sentido del ridículo. Dice un amigo mío, psicólogo, que todo eso me pasa porque soy proactiva y prometeica. Aunque siempre le contesto que no conseguirá sentarme en su diván por mucho que intente liarme.
Dejamos el coche aparcado y comenzamos a caminar. Había que atravesar varias playas en las que estaba prohibido practicar nudismo. Era tan inaccesible nuestro destino que aquello me pareció la travesía del desierto sin comida ni agua. Pero vi la luz y se produjo el milagro. No era un espejismo. Habíamos llegado a nuestro destino; una preciosa playa, no demasiado ancha y bastante larga, cosa que nos permitía a todos estar cómodos, cerca del agua y guardar al mismo las distancias. Reconozco que sentía un pudor algo asfixiante. Pero no había retroceso ─me hubiera muerto deshidratada en el camino de vuelta─. Nos colocamos casi al principio, porque me incomodaba pasear vestida por toda la playa. Así que nos instalamos. Me quité la ropa ─supongo que él también, pero no me percaté, porque ya lo tenía visto de otras veces y estaba más pendiente de lo mío─. Me di crema solar. Mi acompañante colocó su sombrilla (a mí no me hacía falta, pero él insistió) y después se fue a bucear a la zona de las rocas. Yo preferí tumbarme al sol. Así que pegué mi trasero en la toalla y cerré los ojos, como los monos de Gibraltar. Hablaba sola y me decía: Ya pasará el rato y te irás acostumbrando, poco a poco, y si tienes calor te esperas, que no pasa nada.
El caso es que no habían pasado ni dos minutos y de repente oí un ruido, ¡CLAC! y después ¡BUF! ¿Qué habrá sido eso? ─pensé─, horror, qué si no; la maldita sombrilla que se iba volando. Lejos. Muy lejos de mí. No sabía como reaccionar ante tal coyuntura de contratiempos, así que hice lo que cualquier chica hubiera hecho; busqué con la mirada a mi acompañante. Después de todo la sombrilla era suya, y fue él quien se empeñó en colocarla (mal, por cierto) mientras yo solo quería tomar el sol. Pero él estaba ya mar adentro. Joder, todo el mundo miraba. ─La verdad es que las playas nudistas son así. Todo el mundo mira, que es como debe ser─. Pero, ¿por qué nadie salía corriendo para ayudarme? Obviamente, todos observaban mi decisión. Si no me levantaba quedaría como una remilgada y si me levantaba, me tragaría la tierra por la vergüenza. Mientras yo vacilaba ante tanta confusión, el viento jugaba en mi contra y había que decidir rápido, unos segundos se podían tranformar en veinte desesperantes metros de más.
Así que me levanté con una seguridad pasmosa y aparente, y pensando; caminaré despacio y recogeré la sombrilla. Pero tras mis primeros pasos, vino otra ráfaga de viento y ella volaba y volaba, atravesando la playa en todo su recorrido. De vez en cuando caía, eso sí, pero permanecía muy poco tiempo en tierra. Entonces sí que miraba todo el mundo con una sonrisilla traviesa. ─Joder que divertido. Yo siempre dando el espectáculo─. Decidido. Eché a correr apresuradamente. ¡Y bueno!, ¡bueno!, ¡bueno! Aquello era el bamboleo más escandaloso que una pueda imaginar. Se movían todas las partes de mi cuerpo... pero lo del pecho, ¿eso? Eso era algo fuera de lo común.
No sé si sabéis lo que es correr desnuda. Yo sí. Os cuento. Lo único que piensas es: Joder que la sombrilla se pare y la pueda recoger. Porque puestos a hacer el ridículo, volver sin sombrilla hubiera sido ya lo último. Para morirse de risa, ¡vamos! Pero hubo suerte. Al final de la playa pude recuperar mi objeto volante. Me lo coloqué a modo de paraguas sobre mi hombro y volví paseando despacio y recreando, sin darme cuenta, un óleo de Sorolla, pero sin ropa. Lo estáis pensando. Lo sé. ¿Cómo no se me ocurrió plegar la sombrilla y pasear disimuladamente? Pues no sucedió, porque en definitiva soy así; no paso desapercibida ni aunque me lo proponga.
¿Proactiva y prometeica? Menudos nombres le asignan los psicólogos a estar loca de remate.
No sé si sabéis lo que es correr desnuda. Yo sí. Os cuento. Lo único que piensas es: Joder que la sombrilla se pare y la pueda recoger. Porque puestos a hacer el ridículo, volver sin sombrilla hubiera sido ya lo último. Para morirse de risa, ¡vamos! Pero hubo suerte. Al final de la playa pude recuperar mi objeto volante. Me lo coloqué a modo de paraguas sobre mi hombro y volví paseando despacio y recreando, sin darme cuenta, un óleo de Sorolla, pero sin ropa. Lo estáis pensando. Lo sé. ¿Cómo no se me ocurrió plegar la sombrilla y pasear disimuladamente? Pues no sucedió, porque en definitiva soy así; no paso desapercibida ni aunque me lo proponga.
¿Proactiva y prometeica? Menudos nombres le asignan los psicólogos a estar loca de remate.
Un deseo: Mirémonos todos un poco más. En el mercado. En el trabajo. En la playa. En el bar. En el cine. En la calle. Es muy agradable para el que mira, mucho más para el observado, y tiene efectos secundarios muy beneficiosos.
Paco De Lucia – Entre Dos Aguas - Instrumental
Qué dificil es mirar abiertamente y no sentir como el de enfrente levanta las barreras.
ResponderSuprimirMe he reído imaginándote, ya perdonarás, ja,ja...
Es difícil mirar abiertamente. Además los estereotipos nos invaden. A mi me gusta la naturaleza y el cuerpo humano tal y como son.
SuprimirTe puedes reír a carcajadas conmigo, dicen algunos que soy tremenda, un poco payasa. Me gusta ir al gimnasio y la monitora nos da mucha caña para endurecer glúteos "trabajar duro para que luzcáis en tanga en el verano" ¿En el verano? -pregunté enfadada- Para compensar este esfuerzo hay que lucir en tanga hasta para comprar el pan. Si no a mí no me compensa.
Abrazo
Que manera de debutar en la playa nudista, buena forma de espantar el rubor, entretenido relato IDOIA, un placer
ResponderSuprimirsaludos
Gracias Pedro, me halaga tu comentario. Me gusta lo de Idoia, además en mayúsculas...
SuprimirSaludo
Es verdad que la primera se siente un poco de pudor pero pasa de seguida cuando te das cuenta lo bien que se está y que cada cual está a su aire sin molestar, al contrario de lo que pasa en las playas "normales".Paisaje,silencio y aguas limpias son su principal atractivo unido a la comodidad de no usar ninguna prenda.
ResponderSuprimirUn día al salir del agua me encontré de frente a una de mis mejores amigas desde hace años,nos saludamos cómo siempre y compartimos un rato de charla.Fueron unos momentos estupendos muy naturales y sanos en donde lo de menos era si teníamos puesta la ropa o no.
Muy divertido el relato Idoia.Nos has hecho trabajar alegremente la imaginación :-)
Abrazos y saludos afectuosos!
Ja,ja. Una vez comenté con un compañero de trabajo que hace nudismo, la playa a la que solemos ir, y el me dijo que también iba a veces a la misma playa. Él me aseguró que si me encontraba en bolas no se perdería detalle. Y le creo porque me mira mucho aunque esté vestida. Pues que mire ¿no?
SuprimirAbrazo
Qué grande eres! Da igual la situación que se te ponga por delante, tú tienes gracia de sobra para enfrentarla, y el doble para contarlo! Qué manía tienen los psicólogos de poner nombres a las cosas. Me da la sensación a veces de que emplean más tiempo en nombrarlas que en entenderlas. Será para no volverse locos.
ResponderSuprimirJusto ayer publiqué un poema con playas y sombrillas. Curioso...
No somos naturales con la ropa puesta, menos aún sin ella: barreras, murallas, puentes levadizos que aislen y guarden bien hondo la carne...
Bss
Es cierto, los psicólogos están un poco locos. Será deformación profesional. Hemos anulado toda nuestra naturaleza más espontánea. Incluso a veces nos sentimos ridículos desnudos. Qué pena.
SuprimirGracias por tus halagos. Mira que me lo voy a creer y todo... Tú si que eres un gran poeta.
Besos
Jo sempre vaig a platges nudistes (a l'estiu, a l'hivern no), em sobra algun quilet, no faig gimnasia habitualment i mai faig servir sombrilla. I sóc tímid, però a mi em sembla lògic anar nu a la platja, tampoc no ens dutxem amb banyador, oi? A més, són platges on la gent acostuma a ser més civilitzada que a les textils i rarament he passat vergonya. Tot plegat acostuma a ser una experiència relaxant, on no es va a mirar, però de vegades es mira, com tu dius, per què no? Salutacions!
ResponderSuprimirEstic d'acord Òscar. L'estètica natural és la més atractiva. L'important és l'equilibri ment-cos. Avui dia existeix un exagerat culte al cos. Jo prefereixo els homes amb un excessiu culte a la ment, al pensament creatiu, a l'art, i a les dones clar, ;)
SuprimirAbraçada
A mí no me gustan las playas nudistas. No soy pudoroso, la verdad, me da igual que me vean la chorra en un momento dado, pero no me gustan y no voy a exponer mis razones. Recuerdo que fui un día a una playa nudista, me vi arrastrado por mi hermano y sus amigos jipis, hace ya muchos años, y sólo te diré el final para no robarte el protagonismo: me acabaron aplaudiendo.
ResponderSuprimirLa verdad es que lo más gracioso de tu historia es que estuvieras cohibida, jajaja. Siempre mola ver a alguien pasándolo mal, jajajja. ¿O no? Porque, la verdad, Idoia, el que se ha reído con esta historia es simplemente por mala leche, no le des más vueltas...
Patí, una de las canciones que más me gustan de una de las personas que más me gustan (musicalmente)
http://www.youtube.com/watch?v=bB4v4RefExs
Un besito.
Pero qué gracioso eres mi galleguiño. Te comprendo perfectamente; los hombres del Norte raramente hacen nudismo y menos las mujeres. Yo como llevo veinte años viviendo en Barcelona me he vuelto muy mediterránea en todos los sentidos. Claro que sí, Sbm, el sentido del humor esta en despertar esa "mala leche" pero de buen rollito. Vamos, que yo también me descojono de mi misma, si fuese de otra forma no lo hubiese contado. Me encanta Silvio.... Mi primer concierto, cuando tenía diecisiete, fue para verle a él. Gracias de corazón.
SuprimirY un besito patí también
Y mira que no hacer un reportaje grafico, ay, que penita.
ResponderSuprimirHace poco a una amiga le pasó algo parecido, lo cuento por que estoy
seguro que no entrará por aquí. Una amigas le llevaron a lugar de nudismo
no era una playa, creo era piscinas y tal, ella no lo sabía, y claro cuando
tuvieron que salir desnudas, todas sus amigas bien depiladitas el chichi
y ella no, todo lo contrario, tenía un cabreo.
un placer pasear por aquí
y no se lo digas a nadie
besos nudistas.
Hola Cielo. El placer es mío por tenerte en mi espacio... Vaya arte que tienes. Menudo poeta que descubrí navegando por la blogosfera. Soy bastante efusiva con la poesía, pero es que es mi mayor pasión. Me ha hecho mucha gracia la anécdota, mira que somos cabronas las amigas, a veces. Puedes estar tranquilo, el secreto quedará entre nosotros.
Suprimirbesos (ruborizados)
Yo me he reído mucho con esta anécdota, se te puede imaginar muy bien; más bien yo siento como mía esa vergüenza y luego ese arranque de "a por todas, no hay otra"!
ResponderSuprimirNatural, como la vida misma!
Muxutxuak, polite!
;)
Sí, Edurne, hay momentos en los que reaccionamos espontáneamente, tal y como somos. Esto me pasó hace años, pero cuando se lo conté a una amiga ella me dijo que se hubiera hecho la sueca, por ella como si hubiese venido sin sombrilla. Y si alguien se acercase para traerle su sombrilla en el peor de los casos, contestar de forma despistada... ¡Chica lista, eh! Creo que eso es lo que hubieran hecho la mayoría, sinceramente.
SuprimirPero me reí mucho escribiéndolo...
Muxuak!