Tengo tres vidas; una ficticia, otra material
y mi gran existencia secreta.
Ninguna de ellas es verdad, mientras el silencio
las hace invisibles, y todas son ciertas
cuando mis palabras se revelan.
Acaso estemos las tres predestinadas
a vivir en el único mundo posible
de este universo literario.
Y en este universo literario tengo
un amante secreto desde que llegué.
Pues nadie como él penetra mi alma
con sus palabras,
haciendo de mi vulva una flor receptiva,
fundiendo el hielo en los inviernos frígidos
de mi oscuro corazón.
Pero hoy ha llegado el momento, José María Fonollosa de que todos se enteren de lo nuestro (o sea, lo mío contigo, mejor dicho). No soy experta en hacer comentarios literarios ni lo pretendo. A mí la literatura me invade en todos los sentidos menos el de la crítica. Sólo puedo decir que me confieso una gran enamorada de su poesía, irreverente y sublime; una dulce y visionaria decadencia adelantada a su espacio y a mi tiempo. Os recomiendo desde mi humilde espacio, la lectura de una de sus obras "Ciudad del hombre: Barcelona", y os dejo aquí una breve exposición de algunos de sus grandes poemas.
Spring Street (J. M. Fonollosa)
No me vengan con cuentos. Que la vida
es algo espiritual y, por lo tanto,
superiores los bienes del espíritu.
Que el ser útil, cuidar a los enfermos,
el teatro, la pintura, libros, música,
los deportes, el cine, el gran dinero...
al ánimo lo colman las delicias.
No me expliquen historias infantiles.
El deleite supremo es el orgasmo.
Lo demás son tan sólo leves signos,
pobres insinuaciones del placer
que uno obtiene acostándose con chicas
y eyaculando en ellas como un dios.
Para otros esos gustos secundarios.
Para mí el goce intenso: la mujer.
Pla de
Palau (J.M. Fonollosa)
Tú mi protagonista, mi heroína.
Me impacta tu caricia en mis sentidos
y me siento feliz contigo, a solas.
Toda tú, mía. Yo en ti realizándome.
Mas me dejas y sufro con tu ausencia.
Y desespero. Y vivo mil infiernos
hasta hallarte otra vez, en una esquina
o en el sórdido ambiente de algún antro.
No importa dónde estés. Sólo tú importas.
Quisiera liberarme, no sentir
esta cruel dependencia que a ti me ata
como el sol a la luz que huye y no escapa.
Mas no puedo vivir sin ti, heroína.
Tú mi protagonista, mi heroína.
Me impacta tu caricia en mis sentidos
y me siento feliz contigo, a solas.
Toda tú, mía. Yo en ti realizándome.
Mas me dejas y sufro con tu ausencia.
Y desespero. Y vivo mil infiernos
hasta hallarte otra vez, en una esquina
o en el sórdido ambiente de algún antro.
No importa dónde estés. Sólo tú importas.
Quisiera liberarme, no sentir
esta cruel dependencia que a ti me ata
como el sol a la luz que huye y no escapa.
Mas no puedo vivir sin ti, heroína.
William Street (J. M. Fonollosa)
Las mujeres que quiero van con otros.
Cuando pasan prendidas de otros brazos
miro a la que se apoya en mí y compruebo
que yo me he equivocado de mujer.
La gracia enrojecida de una risa,
el rumor tembloroso de un silencio,
la mirada furtiva que nos dice
que está la dicha allí, en aquellos ojos...
Esas cosas descubro sólo en otras.
Yo sé que lo que anhelo no anda lejos:
veo como ellas pasan de otros brazos.
Y trato de encontrarlo, incluso en ellas.
Mas siempre me equivoco de mujer.
Las mujeres que quiero van con otros.
Las mujeres que quiero van con otros.
Cuando pasan prendidas de otros brazos
miro a la que se apoya en mí y compruebo
que yo me he equivocado de mujer.
La gracia enrojecida de una risa,
el rumor tembloroso de un silencio,
la mirada furtiva que nos dice
que está la dicha allí, en aquellos ojos...
Esas cosas descubro sólo en otras.
Yo sé que lo que anhelo no anda lejos:
veo como ellas pasan de otros brazos.
Y trato de encontrarlo, incluso en ellas.
Mas siempre me equivoco de mujer.
Las mujeres que quiero van con otros.





